El
día de hoy vamos comenzando el tiempo de Cuaresma. Hoy, nos han impuesto la
ceniza, nos tiznaron, para recordarnos que comienza un tiempo diverso, fuerte,
en el que se nos recuerda una actitud importante: la conversión, la escucha más
atenta de la Palabra.
El
Papa, en su mensaje para este tiempo, nos ha recordado lo fundamental de estos
días: “La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia
Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él
mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, sosteniéndonos en
el camino hacia la alegría intensa de la Pascua”.
Peregrinación,
camino, desierto... palabras que nos invitan a ponernos en marcha. No es la
Cuaresma un tiempo pasivo; sino activo, que exige una actitud atenta y
dinámica. Hay un espacio geográfico en la Biblia, cargado de sentido y
significados, donde se desarrolla especialmente este camino: es el desierto. En
el tiempo de Cuaresma el desierto cobra un relieve especial. Es el lugar del
éxodo, el lugar de la prueba, el lugar de la preparación de Jesús antes de su
misión, el lugar donde encontrarse con Dios. Pero sobre todo, es el lugar donde
el pueblo del éxodo experimenta la cercanía de Dios.

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